Deberes para Madres 3.0

Una herramienta que se convierte, -si la dejamos- en una oportunidad de aprendizaje escolar.

Este post lo escribo con la alegría de encontrar a alguien que piensa como yo, compartido además por una de mis mejores AMIGAS. Me confirma no solo que no soy marciana sino que también son muchas las oportunidades que como padres desperdiciamos para fomentar en nuestros hijos el sentido de la responsabilidad y el saber hacer. No solo por ello sigo desde ahora a @NoeliaLCheda y su blog, sino que me alegra saber que poco a poco somos más las familias 3.0 que comprendemos que la tecnología está para que nos sirva en nuestro ejercicio de ciudadanía general del siglo XXI y no ser consumidores obtusos de ella.

El Whatsapp de las madres del cole es una herramienta maravillosa, que duda queda de su potencial para localizar calcetines solteros de la mochila de deporte, confirmar quien viene a la fiesta de cumple y recordarnos el plazo de entregar el volante firmado de la excursión. Emoticonos y palmas virtuales 3.0 acompañan los mensajes de mamás 3.0 haciendo de banda sonora del día a día escolar.

Años me ha costado a mí comprender algo que ahora logro ver con claridad gracias a los muchos mensajes que me parpadean en grupos de WhatsApp a los que pertenezco, como a muchas de nosotras, como me lo corrobora Noelia.

1. Qué trabajo nos cuesta como madres dejar que nuestros hijos se equivoquen. Al margen de la discusión sobre si los deberes valen la pena o no, el hecho es que los deberes sirven para que los niños se den cuenta si puede encontrar relaciones, articular conceptos o practicar procesos. Que hagan mal los deberes y que los lleven mal hechos no significa que seamos padres/madres irresponsables. Significa que les damos la oportunidad de que se den cuenta qué no han entendido, qué pueden hacer mejor y mejor aún ofrecemos una ocasión de comunicarse con su profesor para decir:“no entiendo, me lo puedes explicar otra vez”. O mejor aún:¿Los deberes?,“ No los he hecho”. Ese momento es sin duda una gran oportunidad de aprendizaje, que vía la inmediatez del Whatsapp dejamos pasar continuamente, sobreprotegidos y arropados por nosotros mismos.

La responsabilidad de los deberes es de ellos no nuestra. Flaco favor le he hecho al mayor de mis hijos en sus primeros años escolares al buscar, fotografiar y “scannear” fichas, libros y ejercicios de sus compañeros para que cumpliera con los deberes que le correspondían a él traer a casa. No con dificultad, valentía y entereza hemos aprendido con el tiempo a ser responsables los dos con nuestras obligaciones, las que nos corresponden a cada uno. El como estudiante y yo como su apoyo en hacerse responsable. Pero la responsabilidad es como un músculo, hay que ejercitarlo para que esté tonificado y sepa trabajar.

Soy mejor madre o padre porque sigo todos los detalles de la formación escolar de mis hijos y comento sobre lo que debe hacer mejor, lo que está muy mal y lo que no me gusta del centro escolar al que acuden mis hijos? Con respeto por la opinión de todo el mundo:Pues no. Una cosa es saber lo que sucede en el día a día, pero en ese día a día la versión más importante es la que me cuenta mi peque con su expresión y su estado de ánimo, la percepción de su día y los sucesos del mismo. Si queremos que nuestros hijos se comuniquen con nosotros qué oportunidad de dialogar les damos cuando nosotros ya sabemos todo lo que ha pasado en el día. Lo que nos cuentan confirma o desmiente lo que nosotros ya sabemos, pero tal vez nos perdemos de escuchar la versión que le queda a él en primera persona, que es en realidad la que destila aquello que realmente nos tiene que importar.

No me debo sentir como mala madre si no hago de agenda, me comporto como madre irresponsable si no educo para que mis hijos sean independientes y autónomos; No me debo sentir como mala madre por no estar supervisando absolutamente TODO paso que realice mi hija (el peque en este tema todavía no llega, seamos conscientes de las edades), me comporto como una madre irresponsable si desconozco dónde se mueve y con quién se mueve mi hija , que tiene cierto matiz diferente.” Aquí la madre del cordero, gracias Noelia.

La cultura digital 3.0 no es una elección. Es la manera como se comunica el mundo. La educación transita también por estas nuevas herramientas. Manejarlas en nuestro beneficio para que desenvuelvan su potencial requiere de una muy humana cualidad: El pensamiento,pero no cualquiera, el pensamiento crítico. Tengo la certeza de que el pensamiento crítico desarrolla una variante particular que anida en las madres y padres. El pensamiento crítico materno (en mi caso) tiene su expresión en las oportunidades en las que les mostramos a nuestros hijos el valor de la tecnología que usamos y las condiciones en las que se usa. Tener un dispositivo inteligente en la mano no es sinónimo de entretenimiento. Es sobretodo una herramienta de trabajo y comunicación para facilitar el desarrollo de ciertas tareas, que nunca sustituyen a la interacción con otros en vivo. Recurrente es ver una familia de 4 personas sentada en una mesa en la que cada uno de los cuatro tienen un móvil o una tablet en la mano, incluso bebés sentados en su silla con un ipad delante mientras el resto de los comensales conversa o no en la mesa. Familias: pongámonos unos límites, a nosotros mismos. Consumimos tecnología, pero podemos ponerle cuotas cuotas, cuando y donde corresponda.

Todos y todas queremos lo mejor para nuestros hijos. Queremos que sean personas capaces, coherentes, seguras para lidiar con entornos competitivos. Pero el mundo que les corresponde es uno que requiere las habilidades del aprendizaje permanente y esas son la independencia, la capacidad de resolver problemas, la audacia y valentía de imaginar, de crear y de buscar soluciones cooperativas a problemas cada vez más transversales y complejos. Esas habilidades no se ejercitan si mamá te consigue los deberes y se sienta contigo a hacerlos, porque el músculo de la responsabilidad se nos queda flácido y no nos lleva muy lejos.

Bibiana Vargas

Bibiana Vargas

Furibunda lectora, estudiante para toda la vida, rebelde con causa donde la haya. Inundada de sentido creativo, y todas las demás cosas de la vida normal y corriente.

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